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DEPRESIÓN

 

LAS PATOLOGIAS  CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (II) 

 

“La depresión puede entenderse como una reacción del individuo ante situaciones que le resultan insoportables o ante conflictos internos que considera irresolubles”.

“Cuando ciertos sentimientos pasajeros se instalan durante demasiado tiempo en nuestras vidas pasan de ser un estado puramente fisiológico a un estado patológico”.

La depresión es una de las patologías más habituales de la sociedad de hoy en día. Tanto es así que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha indicado que en el año 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad a nivel mundial, situándose sólo por detrás de las enfermedades isquémicas, como cardiopatías o accidentes cerebro-vasculares.

La depresión es un frecuente y serio problema de la salud mental al que hasta hace poco tiempo no se prestaba la debida atención; se consideraba que “estar en crisis anímica” era más propio de “lunáticos” o de ciertas clases sociales que no tenían nada mejor de que preocuparse que de su tristeza o su alegría. Actualmente las cosas han cambiado, el ritmo de vida que vivimos nos empuja a unas ambiciones que nos hacen establecer expectativas a veces inalcanzables. Esto nos supone un estrés, tanto físico como psíquico porque le estamos pidiendo a nuestro cuerpo un sobreesfuerzo que pone en hiperfuncionamiento todo un complejo mecanismo, que tarde o temprano encenderá las señales de alarma: de repente todo nos resulta pesado, aquellas actividades con las que antes disfrutábamos ahora no despiertan nuestro interés, nos sentimos fatigados, a veces irritables, sin ganas de salir ni de ver a los amigos. Con todo ello nuestra autoestima va bajando a la vez que va en aumento nuestro sentimiento de culpabilidad por no ser capaces de llevarlo todo adelante. Se trata de síntomas propios de las llamadas depresiones reactivas, muy abundantes en nuestra cultura, que no son sino una reacción del individuo ante situaciones que le resultan insoportables o ante conflictos internos que considera irresolubles.

Aunque estos son algunos de los signos depresivos para hablar propiamente de depresión ha de contarse con una serie de criterios de una larga lista. Hay que tener en cuenta que los estados de ánimo considerados normales, por ejemplo, tristeza, euforia o pena, entre otros, son parte de la vida diaria y por ello son estados transitorios. El problema aparece cuando estos sentimientos pasajeros se instalan durante demasiado tiempo en nuestras vidas, pasando así de ser un estado puramente fisiológico a un estado patológico. Es entonces cuando la persona se siente hundida, como si una gran carga pesara sobre su existencia. No en vano la palabra depresión viene del término latino “depressio”, que significa hundimiento.

La depresión puede aparecer por distintas razones si bien las causas últimas y sus mecanismos aún no se conocen del todo. Hay factores relacionados con la bioquímica del cerebro; se ha demostrado que en estados depresivos hay bajos niveles de un neurotransmisor llamado serotonina, mensajero químico responsable de transmitir la información de una célula a otra. De hecho hay referencias a la serotonina que la consideran “la droga del propio cerebro” de efecto tranquilizante y para elevar el estado de ánimo.

También pueden ser desencadenantes de la depresión situaciones vividas como estresantes, trastornos afectivos, como la muerte de un ser querido, cambios estacionales- hay personas a las que les afecta mucho la falta de luz-, predisposiciones hereditarias- un historial depresivo en la familia no es determinante pero puede predisponer a sufrir la enfermedad-, tipos de personalidad- baja autoestima, visión negativa de la vida o preocupación excesiva-, otras enfermedades- depresión asociada a Alzheimer, esclerosis múltiple, cáncer…- o ciertos fármacos.

Si bien es evidente que son muchos los factores que entran en el juego podemos contar con algunas medidas, que en cierto modo pueden ayudarnos a prevenir la depresión y que están al alcance de todo el mundo. Una de ellas consiste en prestar atención a la dieta ya que el cerebro necesita un subministro constante de azúcar sanguíneo para funcionar correctamente. Es por esto que deberán evitarse las hipoglucemias, que pueden dar síntomas como fatiga, irritabilidad, cefaleas, ansiedad, lenguaje incoherente o depresión. Para ello basta con incluir en nuestros hábitos una dieta rica en alimentos sin procesar, como frutas, verduras, semillas y frutos secos, entre otros, y una correcta suplementación nutricional. Así mismo una actitud mental positiva, la práctica regular de ejercicio y técnicas de relajación pueden resultar también de utilidad para intentar evitar la caída en un estado depresivo.

Rosa Maria Canas ©2015

 
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LAS PATOLOGIAS

CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (I)

 

“Depresión, ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, contracturas musculares y lumbalgias se están convirtiendo, hoy por hoy, en las patologías propias de nuestros días, en las afecciones características del siglo XXI”.

“La situación estresante puede no variar pero sí el modo en que la afronte nuestra mente y nuestro sistema de  defensa”.  

Muchos son los avances que nos facilitan la vida en la actual sociedad en la que vivimos. Nuestros antepasados, nuestros abuelos e incluso nuestros padres sin ir tan lejos, no gozaron de las comodidades y las tecnologías que hoy en día hacen que en apariencia todo nos resulte más fácil y mucho más accesible. Ya no hace falta desplazarse a la agencia de viajes para reservar ese crucero con el que siempre habíamos soñado ni perder la tarde libre que tenemos el fin de semana para ir al supermercado a fin de proveer ese maravilloso congelador que nos permite subsistir un mes sin necesidad de cocinar a diario. Tan siquiera hace falta estar en casa esperando esa llamada que no acaba de llegar ni aguardar una semana para recibir noticias de aquel amigo querido al otro lado del planeta: el móvil e internet nos lo ponen fácil; solo con conectarnos a la red podemos entablar una conversación con él al instante e incluso verle al otro lado de esa pequeña cámara que tenemos pegadita al ordenador.

El pobre fax lleva camino de convertirse en algo arcaico, aquel que irá a hacer compañía en el baúl de los recuerdos al video VHD, a la cinta de cassette musical, al teléfono analógico, a la carta escrita de puño y letra y a la máquina de escribir, entre otros pobres inventos que en su día revolucionaron la sociedad del momento tal y como lo hacen hoy el DVD, el mp3, la telefonía digital, el e-mail y el PC.

Ya no escuchamos discos sino CD, no nos referimos a los sellos sino a los megas, no nos citamos, nos conectamos; no conversamos, chateamos; hemos cambiado la capacidad por los bits, nuestro pequeño archivo por el software y aquella entrañable cafetería de barrio por el cibercafé.

El ratón ha dejado de ser ese pequeño mamífero roedor que tanto adoraban los gatos de antaño, los cookies ya no se refieren a las galletas en inglés, las referencias no las encontramos en los libros sino en las páginas web, la documentación ya no la buscamos, la subimos o la bajamos según sea el caso, la factura del teléfono no nos preocupa porque tenemos tarifa plana o, aún mejor, ADSL y el portal es algo más que el alojamiento y lugar de trabajo de la caricaturizada figura casi legendaria de la portera.

Hoy en día todo parece más fácil y las nuevas tecnologías de no se sabe ya que generación se encargan de ello: podemos pagar facturas sin salir de casa, hacer la compra sin movernos del sillón, tener la cena en la mesa con una simple llamada y enviar mensajes en pijama y zapatillas. Cabe entonces preguntarse, si todo es tan cómodo y sencillo y si en un principio lo tenemos todo más al alcance de la mano con menor esfuerzo, ¿porqué disponemos de menos tiempo libre para dedicarnos a aquello que nos gusta?, ¿porqué vivimos un ritmo de vida estresante que ha hecho disminuir la media de edad de ciertas patologías?, ¿porqué si todo es tan fácil estamos tristes y deprimidos sin causa aparente?, ¿porqué acumulamos tensiones que nos impiden movernos? y ¿porqué sufrimos de insomnio aunque teóricamente no haya nada que nos preocupe?.

Nos encontramos frente a un arma de doble filo: afortunadamente el ser humano evoluciona y la sociedad con él pero aquello pensado en un principio para facilitarnos la vida nos plantea nuevos retos que nos llevan a niveles de autoexigencia a veces desmesurados. Este afán, con frecuencia inconsciente, por cumplir con todo y con todos, de llevar a cabo la máxima actividad en el menor tiempo posible para poder así abarcar más y de vivir una vida de superhéroes de cómic evidentemente repercute y se refleja en nuestra salud, no sólo física sino también, y sobretodo, mental.

Depresión, ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, contracturas musculares y lumbalgias son, hoy por hoy, los problemas más frecuentes de consulta clínica. Se trata de trastornos que se están convirtiendo en las patologías propias de nuestros días, en las afecciones características del siglo XXI. El estrés que deja de ser fisiológico y puntual para convertirse en crónico y, por tanto, en enfermizo, genera un sufrimiento mental que convierte cualquier acontecimiento cotidiano en una dura prueba a superar perdiéndose así los referentes y generando una angustia que nada tiene que ver con los episodios de tristeza pasajera. La tensión, por su parte, buscará vías de escape y se alojará en nuestros músculos, que en señal de protesta convertirán, preferentemente la espalda, en un campo contracturado.

Está claro y es indiscutible que ningún tratamiento puede cambiar la situación personal de cada uno pero también es cierto que terapias naturales y energéticas, como la Acupuntura, pueden ayudar a superar estas alteraciones del buen estado de salud y a mejorar el modo de afrontar los momentos de crisis. La situación puede ser la misma pero no el modo en que la afronte nuestra mente y nuestro sistema defensivo.  

Rosa Maria Canas ©2015

 
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LA ALIMENTACIÓN

SEGÚN LOS GRUPOS SANGUÍNEOS (VI)  

 

GRUPO AB: EL ENIGMA 

 

“La fusión de los sedentarios y tolerantes A y de los nómadas y bárbaros, aunque más equilibrados, B ha dado lugar a la aparición del más reciente grupo sanguíneo: el AB”.

Si puede afirmarse con toda seguridad que el grupo sanguíneo 0 es el más antiguo de todos, ya que se remonta al hombre de Cromagnon de hace 40.000 años a.C, y los grupos A y B son relativamente modernos, puesto que no tienen más de 15.000 a 25.000 años, el tipo AB es el más reciente y moderno de los cuatro. Históricamente se le atribuyen poco más de 1000 años de antigüedad y en realidad es un grupo raro y poco frecuente.

El tipo AB empezó a existir hace entre diez y doce siglos cuando los caucásicos del grupo A y los mongoles del tipo B se mezclaron para invadir los restos de las civilizaciones occidentales declinantes, como el Imperio Romano. Esta mezcla de invasores del este con lo que quedaba de una civilización occidental europea en decadencia tuvo como resultado la aparición de un nuevo grupo sanguíneo, el AB, cuyo perfil responde a la fusión de la tendencia sedentaria y tolerante de los A y nómada y bárbara, aunque más equilibrada, de los B. En consecuencia los AB han heredado las tolerancias alimenticias de ambos tipos de sangre y han mejorado su sistema de defensa para luchar contra las infecciones microbianas por lo que son menos susceptibles a padecer alergias o enfermedades autoinmunes. Por el contrario sí pueden tener cierta predisposición a sufrir determinados tipos de cáncer.

El tipo AB es un personaje adaptado a la vida moderna, puesto que él mismo es antropológicamente reciente, y que puede responder al medio ambiente que le rodea de una forma casi camaleónica. Sus pautas dietéticas se ajustarán a lo que es apropiado y contraindicado para los grupos A y B si bien con algunas excepciones puesto que alimentos que convienen a uno de estos grupos a veces perjudican al otro.

Los AB tienen una mayor elección entre los pescados que entre las carnes. Aunque están genéticamente adaptados para el consumo de carne, como los B, su producción de ácido gástrico para digerirla y metabolizarla con eficacia es baja, como los A, por lo que es recomendable que eviten determinadas carnes rojas, así como el pollo y consigan su aporte de proteína animal a través de huevos o de pescados, como el salmón, el besugo o la sardina.

En la gama de lácteos el grupo sanguíneo AB ha heredado las ventajas de los B en cuanto a tolerancias pero cuenta también con los problemas que presentan los A a la hora de consumir estos productos. Es por ello que los más indicados para los AB son el kéfir y el yogurt y en caso de tomar leche deberían preferir la de cabra o la de oveja. Por el contrario les es aconsejable el consumo diario de vegetales, entre los que cuentan con una amplia lista donde elegir; a excepción del maíz, el rábano y algunos pimientos. En cuanto a frutas, las intolerancias del grupo A se reflejan en el AB y es por ello que deben optar por las más alcalinas para no irritar su sensible estómago y facilitar la digestión. A excepción de la piña, las frutas tropicales como el mango o el caqui, por ejemplo, no deberían estar presentes en la dieta de los AB.

El aceite de oliva es el más aconsejable para el grupo sanguíneo AB si bien puede consumir también el de linaza que tendrá un efecto neutro en su organismo; no le resultará tan beneficioso como el de oliva pero tampoco le comportará ningún riesgo para su salud. Contrariamente, los frutos secos y las semillas ofrecen una amplia variedad de la que pueden gozar los AB aunque deben comerlos en pequeñas cantidades y con moderación puesto que contienen una lectina inhibidora de la insulina y esto puede provocarles una hipoglucemia con el consiguiente descenso de los niveles de azúcar en sangre. Lo mismo ocurre con determinadas legumbres, como por ejemplo las alubias, que afectan la producción de insulina en los A y por tanto también los AB. Si este tipo de sangre quiere comer legumbres, necesarias en la dieta equilibrada, mejor que opte por las lentejas, que aunque no son aconsejables para los B ayudaran a prevenir ciertos tipos de cáncer en los AB.

Por lo que respecta a los cereales, las pautas para el grupo AB coinciden con las recomendaciones para los A y los B respectivamente. Mejor que limiten el consumo de trigo, eliminen el de maíz y opten por la avena. Las harinas de arroz o de soja son buenos substitutivos para la harina de trigo.

Finalmente hay que destacar que los AB se benefician del consumo de las especias en general, aunque con excepciones como es el caso de la pimienta, entre algunas otras. No puede decirse lo mismo de los condimentos que en su gran mayoría les perjudican: pueden alegrar sus platos con mostaza pero los empeoraran si les añaden cualquier producto que en su composición incluya vinagre.

Rosa Maria Canas ©2015

 
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