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FIBROMIALGIA

 

 

LAS PATOLOGIAS CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (VI) 

 

 

 “El tratamiento de la Fibromialgia, como el de cualquier enfermedad, ha de ser personalizado y seguir siempre el principio de Hipócrates: prima non nocere- “lo primero es no hacer daño”- es decir no provocar efectos secundarios con la praxis del terapeuta”. 

Hasta hace pocos años el término de Fibromialgia nos era totalmente desconocido. Cuando la persona se quejaba de “dolor generalizado” o de que le “dolía todo el cuerpo” la tendencia general era a pensar que podría sufrir de algún tipo de enfermedad ósea, cierto grado de artrosis, reuma e incluso que exageraba en sus quejas cuando después de un tiempo de tratamientos seguía lamentándose de dolor. Muchas mujeres que sufren Fibromialgia, puesto que es una enfermedad que afecta mayoritariamente al género femenino alrededor de los 40 años, fueron catalogadas en su momento como “quejicas”, “cuentistas” y hasta “histéricas” que no tenían nada mejor que hacer que provocarse dolores de forma psicológica. Con el tiempo y la aparición cada vez más frecuente de casos que presentan una misma sintomatología se ha visto que la Fibromialgia, también llamada Fibrositis, Fibromioscitis o Síndrome de Dolor Miofascial, existe y que es una realidad que ha pasado a formar parte de los diccionarios médicos.
Por Fibromialgia se describe un estado común de fatiga y dolor muscular generalizado. El dolor musculo-esquelético difuso es el síntoma principal, lo que incluye dolor en los músculos y en los tejidos que conectan huesos, ligamentos y tendones. Aunque a veces estos dolores pueden parecerse a los propios de una enfermedad articular, con la que puede coexistir como por ejemplo la Artritis Reumatoide, la Fibromialgia no produce inflamación sino que es más bien una especie de reumatismo de los músculos.
Por lo general los pacientes se quejan, junto con un dolor errático que va de una parte a otra del cuerpo, de cansancio inexplicable y de un agotamiento que a veces es más problemático que el propio dolor, de alteraciones del sueño que finalmente influyen en otras funciones básicas del cuerpo como puede ser la producción de sustancias reparadoras del tejido muscular, de rigidez por la mañana, hormigueos diversos, cefaleas y migrañas, síntomas de colon irritable, es decir, episodios de estreñimiento alternados con diarreas y también de síntomas genitourinarios, puesto que los espasmos y la irritabilidad de la vejiga pueden causar urgencia o frecuencia miccional.
Pero a parte de todos estos síntomas la persona sufre de cambios en el tono afectivo, los cambios de humor son frecuentes y suele haber episodios de tristeza, decaimiento y ansiedad. Si bien no está aún científicamente probado, la experiencia indica, y así lo creen muchos investigadores, que la Fibromialgia podría estar relacionada con ciertos tipos de depresión y de ansiedad crónica.
La Fibromialgia es una enfermedad relativamente moderna de la que no se conoce aún su etiología, las causas que la originan. Muchas hipótesis la asocian a un ritmo de vida estresante con un exceso de actividad física, a traumas físicos o emocionales, a niveles demasiado altos de auto-exigencia, a cambios en el clima o en el ambiente, a alguna enfermedad infecciosa, a trastornos hormonales o a una preocupación desbordada por todo y por todos.
Hasta hoy en día no hay pruebas de laboratorio que puedan diagnosticar el Síndrome de Fibromialgia; la exploración física, radiografías, analíticas y hasta biopsias musculares y exámenes neurológicos dan resultados normales. Por lo tanto el diagnóstico suele hacerse por la técnica de “descarte” y según las pautas de los llamados “puntos dolorosos”. Una vez se ha descartado con pruebas clínicas que el dolor pueda atribuirse plenamente a otras enfermedades se presiona un total de 18 puntos en distintas partes del cuerpo. Si el paciente presenta dolor en un mínimo de 11 de ellos durante un periodo de 3 meses el diagnóstico se considera seguro de Fibromialgia. De todos modos en la práctica clínica se ha observado que bastan de 5 a 8 puntos dolorosos durante un trimestre para poder afirmar que se sufre la enfermedad. A parte del dolor, la presión de los puntos suele producir un mayor enrojecimiento momentáneo de la piel.
El tratamiento de la Fibromialgia puede resultar complejo puesto que ha de adaptarse a las necesidades individuales de cada paciente; mientras que algunas personas presentan síntomas leves en otras son tan severos que les impide llevar a cabo una vida normal. En cualquier caso y en cualquier tratamiento, se trata de mejorar la calidad de vida del enfermo con la técnica más apropiada para su cuadro clínico pero siguiendo siempre el principio de Hipócrates: “prima non nocere”- “lo primero es no hacer daño”- es decir no añadir a sus dolores efectos secundarios con la praxis del terapeuta.

Rosa Maria Canas ©2017

 
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DOLOR DE ESPALDA

 

LAS PATOLOGIAS CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (V) 

 

“Cuando cargamos con más de lo que deberíamos nuestra espalda va llenando su mochila imaginaria hasta que con su dolor intenta avisarnos de que algo en nuestra actitud frente a la vida no va como debiera”.

El dolor de espalda es un problema muy frecuente en nuestros días puesto que bajo esta generalización se incluyen una gran variedad de patologías. Este amplio abanico abarca desde dolores originados por problemas óseos, como hernias o en las distintas zonas de la columna vertebral, hasta otros de origen muscular, como contracturas, o los secundarios a otras patologías, como es el caso de dolor de espalda por artrosis, por ejemplo.

El ritmo de vida que llevamos actualmente nos exige una constante actividad, sea física o mental, que implica un desgaste a todos los niveles así como una sobrecarga y la adopción de hábitos no correctos. Vamos con prisas para llegar a todo y muchas veces actuamos por actos reflejos sin prestar atención a los movimientos que hacemos o a las posturas que adoptamos.

Contracturas musculares, traumatismos, sobrecarga, degeneración de las vértebras o deformidades de la columna suelen ser las causas más habituales del dolor de espalda y en muchos casos estos dolores se relacionan con la tensión o la lesión en un músculo o ligamento.

Por contractura entendemos “la contracción involuntaria, duradera o permanente de uno o más grupos musculares, que mantiene la parte respectiva viciosa, difícil o imposible de corregir por movimientos pasivos”, es decir, le pedimos al músculo un esfuerzo superior al que puede soportar y esto hace aumentar el tono muscular de forma forzada y persistente. Esta exigencia puede ser puntual aunque intensa, como por ejemplo levantar algún peso, o bien de menor intensidad pero más prolongada, como es el mantenimiento de determinadas posturas que adoptamos al estar sentados o de pie mucho rato, actitud muy frecuente en horas de trabajo. Podemos, además, empeorar la contractura si se da el factor añadido de debilidad muscular; si el músculo no está bien nutrido y es poco resistente se lesionará con facilidad al exigirle esfuerzos que no está capacitado para realizar.

Otra de las patologías más frecuentes que encontramos hoy en día en consulta es la que se sitúa a lo largo de la columna vertebral. Si la parte afectada corresponde a alguna de las siete vértebras cervicales nos encontraremos con distintas manifestaciones como, por ejemplo, dolores de cabeza o mareos, entre otras, mientras que si el problema se localiza en la zona de las doce vértebras dorsales sentiremos dolor en la parte central del dorso. 

Sin embargo, dentro de este apartado los dolores más habituales corresponden a la lumbalgia, o dolor en la parte baja de la espalda. Según las estadísticas el 80% de la población sufre o sufrirá algún episodio de dolores lumbares en algún momento de su vida y este problema representa una de las principales causas de baja laboral en occidente. A menudo olvidamos que esta parte del cuerpo es una zona muy vulnerable y sin darnos cuenta la sometemos a sobreesfuerzos, malas posturas y  movimientos físicos inadecuados.

El lumbago suele tener un origen mecánico-funcional aunque puede asociarse a distintas causas, como hernias discales (dislocación total o parcial de un disco intervertebral), lesiones de ligamentos, inserciones musculares… Hay que destacar también que el sobrepeso o la falta de ejercicio juegan aquí un papel importante. El dolor en esta zona suele aparecer de forma brusca o progresiva, según sea su origen, con irradiación generalmente hacia los glúteos y las piernas, con contractura muscular y limitación del movimiento.

Si bien las características físicas personales y los antecedentes familiares de cada uno son determinantes a la hora de enfermar y definir la patología, también es cierto que los factores emocionales y sociales ejercen aquí su influencia. El estrés, la ansiedad, la depresión, la insatisfacción, la ira, la frustración, el miedo o el desengaño, entre otras, son sólo algunas de las causas que pueden alejarnos de un óptimo estado de salud.

Tanto es así que nuestras pautas mentales pueden relacionarse con determinadas enfermedades. Sólo por citar algunos ejemplos podríamos decir que la rigidez puede traducirse en tortícolis, el miedo y la baja autoestima en úlceras, el anclaje en el pasado y el apego a viejas ideas en estreñimiento mientras que el temor y el rechazo en diarrea. 

En este contexto la espalda representa el apoyo de la vida: un problema en la parte superior puede relacionarse con el sentimiento de falta de apoyo emocional, en la parte media, con culpa o sensación de carga, mientras que en la parte inferior puede estar indicándonos el miedo a la falta de apoyo económico. No hay duda de que cuando cargamos con más de lo que podemos, debemos o en cualquier caso nos correspondería nuestra espalda va llenando su mochila imaginaria hasta que con su dolor intenta avisarnos de que algo en nuestra actitud frente a la vida no va como debiera. 

Rosa Maria Canas ©2017

 
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ESTRÉS

 

LAS PATOLOGIAS CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (IV) 

 

El hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura” (Hans Seyle)

Hoy en día a nadie le sorprende oír hablar de estrés. Es un término procedente del vocablo inglés “stress” -esfuerzo, violencia, tensión- que se ha hecho muy popular en la sociedad actual como reflejo de la vida activa y acelerada que llevamos. Por estrés entendemos el conjunto de reacciones, tanto biológicas como psicológicas, que se desencadenan en el organismo cuando éste se enfrenta de forma brusca con un agente nocivo, cualquiera que sea su naturaleza. Ciertos niveles de estrés son necesarios para mantenernos en un estado de alerta que garantiza nuestra supervivencia y nos sirve de estímulo para afrontar nuevos desafíos pero el problema aparece cuando estos índices se disparan provocando ciertas reacciones patológicas en nuestro cuerpo-mente: fatiga, depresión, insomnio…
El concepto de estrés se lo debemos al doctor austriaco Hans Seyle (1907-1982) quien observó que cualquiera que fuera la enfermedad que padecieran sus pacientes en su gran mayoría presentaban una serie de síntomas comunes, tales como cansancio, astenia y pérdida de apetito, entre otros. En lugar de concentrar sus esfuerzos en identificar las enfermedades individuales y buscar un remedio para cada una de ellas en 1936 Seyle denominó este cuadro como “Síndrome de estar enfermo” puesto que para él estos signos eran el resultado de los esfuerzos del cuerpo para responder a la angustia que generaba la enfermedad. Esta colección de síntomas, más las alteraciones orgánicas que se producen en situaciones de tensión, Hans Seyle las agrupó posteriormente bajo la etiqueta de “Síndrome de estrés” o “Síndrome de adaptación general”, que definió como “mecanismo automático y esteriotipado que se dispara ante cualquier situación estresante, involucrando un conjunto de reacciones inespecíficas que movilizan las reservas energéticas para hacer frente a las demandas externas”. El término de síndrome se refiere al conjunto de síntomas y signos que se presentan a la vez mientras que el de adaptación responde al hecho de que en todos los casos es una respuesta del organismo para poder responder a los estímulos que siente como agresivos, ya sean físicos, emocionales, ambientales, metabólicos, sociales o de cualquier otra naturaleza. Es por ello que según Seyle “el hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura”.
Hans Seyle estableció que en todo proceso de producción de estrés existen tres fases: alarma, resistencia y agotamiento.
La fase de alarma es la reacción inicial al estés en la que se activan en cuestión de segundos y de forma automática el sistema simpático-adrenal, compuesto por el sistema nervioso simpático, y las glándulas suprarrenales. El cerebro al detectar una amenaza da orden de segregar adrenalina y otras hormonas relacionadas con el estrés para que el cuerpo sea capaz de dar una respuesta inmediata de lucha o de huida. Entre otras reacciones este mecanismo de alarma hace acelerar el ritmo cardíaco y respiratorio y aumentar los niveles de glucosa en sangre.
Frecuentemente si la tensión persiste por más de unas horas se entrará en la fase de resistencia, en la que a pesar de los esfuerzos por resolver la situación que vivimos como una amenaza seguimos sin encontrar una salida. Esto provocará que nuestro organismo siga sometido a un proceso de estrés mantenido y prolongado y aunque intentará adaptarse de manera progresiva, segregando principalmente corticoides, disminuirá su capacidad de respuesta ya que para permitirnos resistir los efectos devastadores del estrés gastará mucha energía. A nivel físico pueden aparecer dolores frecuentes de cabeza, tensión muscular, insomnio, pesadillas, fatiga y aumento de la temperatura corporal, entre otras manifestaciones. Por lo que respecta a los síntomas mentales pueden incluir tics nerviosos, irritabilidad, ansiedad por la comida, dificultad de concentración o sensación de fracaso.
Finalmente a la fase de agotamiento se llega cuando la reacción de resistencia ha superado ya el límite, es decir, cuando a causa de una situación de estrés demasiado prolongada se produce un deterioro importante que conlleva el fallo funcional y orgánico. En esta fase pueden surgir variedad de enfermedades severas, como hipertensión, problemas cardíacos, derrames cerebrales, úlceras y hasta cáncer.
La manera de manejar con éxito el estrés depende de las características propias de cada persona y del momento puntual que atravesamos cuando éste se presenta en nuestras vidas. Si bien existen distintas maneras para afrontar el estrés de modo general podríamos decir que hay cuatro pilares básicos que deberíamos respetar para que nuestro método sea efectivo: mantener una actitud mental positiva ante la vida, relajación mental y ejercicio físico, dieta saludable y, si es necesario, suplementación natural para reforzar nuestro organismo.

Rosa Maria Canas ©2017

 
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