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BULIMIA NERVIOSA I

 

 

TRASTORNOS ALIMENTARIOS (III)

 

 “El concepto de cuanto más gordito más sanito” y “cuanto más sanito más guapito” ha sido llevado hasta el otro extremo presentando como modelo a imitar la extrema delgadez”.

“Son numerosos los referentes históricos que se identifican con la bulimia: desde las prácticas de los banquetes en la Roma antigua hasta ejemplos remotos del catolicismo”

El concepto clínico de bulimia nerviosa es más reciente que el de anorexia y si bien se desconocen las causas que pueden provocar este trastorno alimenticio se identifican con factores psíquicos, sociales y biológicos. La persona bulímica tiene una visión desvirtuada de sí misma, un énfasis excesivo por su apariencia física, suele tener comportamientos perfeccionistas y por lo general carencias afectivas que suple con la comida a pesar de su miedo excesivo a engordar. Aunque su peso sea normal siempre se ve gorda pero a pesar de ello no puede reprimir sus ansias por comer. Hasta hace sólo unas décadas la gordura se consideraba señal de buen status social puesto que indicaba que no había problemas económicos para alimentarse. Esto era asociado además a la idea de que “cuanto más gordito más sanito” y “cuanto más sanito más guapito”; por tanto el indicativo de belleza y de éxito era precisamente tener ciertos quilos de más.

Los modelos socioculturales en la actualidad han variado mucho de este principio y ha quedado claro que sobrepeso no es sinónimo de salud sino todo lo contrario, es fuente de problemas y enfermedades. Es indiscutible que una completa y correcta alimentación es la base de un buen estado de salud sin embargo este concepto se ha llevado al otro extremo y las figuras entradas en carnes a lo Rubens se han sustituido por cuerpos de una delgadez extrema en los que no hay ni un gramo de grasa. El mensaje actual es ahora el de “cuanto más flaquito más bonito” y esto puede provocar en los sectores más susceptibles a las modas, como por ejemplo los adolescentes, ciertos trastornos alimenticios que se traducirán en dietas salvajes y descontroladas y en reducción y supresión de ciertos alimentos hasta el punto de negarse a comer (anorexia nerviosa). Esta excesiva restricción alimenticia auto-impuesta suele llevar a un fuerte estado de ansiedad que producirá el efecto contrario al esperado y en ocasiones acabará conduciendo a un deseo patológico de ingerir grandes cantidades de comida, tras lo cual aparece el sentimiento de culpabilidad que se “soluciona” provocándose el vómito.

La palabra bulimia proviene de los términos griegos “boûs” que significa buey y “limós” que quiere decir hambre y se define como “gran voracidad o hambre insaciable”, dicho popularmente “hambre canina”. Este concepto es relativamente nuevo si bien, aunque no con esta etiqueta, ya encontramos referentes históricos que se inducían el vómito tras una comida compulsiva.

Es sabido, por ejemplo, que en la Roma clásica era una práctica habitual comer cuantiosa y compulsivamente hasta hartarse y luego provocarse el vómito para así poder continuar comiendo.

En el siglo X, Aurelianus Caelius, considerado el médico más eminente de la antigüedad después de Claudio Galeno, definió lo que llamó “hambre mórbido” como un “apetito feroz con deglución en ausencia de masticación y vómito auto-provocado”, observando que en estos enfermos eran evidentes las glándulas parótidas y las caries, signos que hoy identificamos con la bulimia nerviosa porque son consecuencias del vómito. El vómito se utilizó también en ámbitos religiosos durante la época feudal como método de castigo y penitencia; así pues, santa Catalina de Siena (s. XIV), doctora de la iglesia católica, se liberaba de sus culpas vomitando y a base del consumo de hierbas diuréticas y purgantes.

A pesar de todos estos antecedentes el concepto de bulimia es reciente.

El estudio de este problema no apareció hasta que en 1976 Lodahl describió el síndrome de purga y atracones o bulimarexia (trastorno alimentario que combina anorexia y bulimia). Posteriormente, y a raíz de la definición del doctor estadounidense William Russell en 1979, la bulimia se describe como enfermedad y se reconoce como un desorden psiquiátrico. Desde 1980 aparece en el DSM, Manual de Psiquiatría Americana que clasifica los trastornos mentales, como la ingesta excesiva de alimentos en un corto período de tiempo, acompañada de sensación de pérdida de control sobre dicha ingesta y de conductas compensatorias como el vómito auto-inducido, el abuso de diuréticos y laxantes, ejercicio físico...etc.

Rosa Maria Canas ©2018

 
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ANOREXIA NERVIOSA II

 

 

TRASTORNOS ALIMENTARIOS (II)

 

 

“Lo que suele empezar con la práctica inocente de dietas acaba convirtiéndose en una autentica obsesión por bajar de peso y por la alimentación, si bien estos extremos son negados por los anoréxicos, que no tienen conciencia de su enfermedad”.

Aunque no se conocen con exactitud las causas que pueden originar la anorexia sí es cierto que no se trata sólo de factores individuales y familiares del paciente. Los modelos socioculturales que nos rigen en la actualidad y que nos bombardean diariamente diciéndonos como debe ser el “triunfador” de nuestros tiempos nos ofrecen imágenes de cuerpos perfectos que desdeñan el exceso de peso por ser poco atractivo y presentan la delgadez como signo de belleza y salud. Si bien es cierto que la obesidad es un serio problema que puede acarrear consecuencias importantes en nuestro organismo también lo es que estar excesivamente delgado por voluntad propia resulta igual de nocivo, perjudicial y enfermizo.
Nos dejamos convencer de que en nuestra sociedad sólo son felices los poseedores de cuerpos 10, bellos y esbeltos como una escultura renacentista, a los que “gracias” a su estética corporal ya se les atribuye inteligencia y mucha clase; supuestamente estos arquetipos no tienen problemas, consiguen lo que quieren y pueden permitirse ir tranquilos por la vida porque gracias a su “look” a estos héroes de cómic nada puede vencerles. La realidad sin embargo es muy distinta, aunque a los ojos de sectores más susceptibles y manipulables, como el adolescente, no siempre está tan claro. La anorexia nerviosa se considera un síndrome psiquiátrico, observado principalmente en mujeres jóvenes y caracterizado por un rechazo a la ingesta de alimentos, lo que produce un rápido y alarmante enflaquecimiento extremo. Esto significa que hay un trastorno del comportamiento alimentario que responde a una percepción distorsionada del propio cuerpo y que conlleva una decisión de adelgazar a toda costa, ya que aunque la persona esté demasiado delgada siempre se ve gorda. Con este objetivo, marcado también por el temor excesivo a engordar, el enfermo va reduciendo y suprimiendo el consumo de alimentos a la vez que, por lo general, aumenta el de laxantes, diuréticos y otras sustancias que teóricamente le ayudaran a adelgazar así como la práctica exagerada de ejercicio físico.
La anorexia suele aparecer entre los 14 y los 18 años y sobretodo en mujeres aunque por desgracia en los últimos tiempos está descendiendo la edad de inicio del problema y está aumentando el índice de incidencia de la enfermedad entre los muchachos. Lo que suele empezar con la práctica inocente de dietas acaba convirtiéndose en una autentica obsesión por bajar de peso y por la alimentación, si bien estos extremos son negados por el paciente que no tiene conciencia de estar enfermo. Así, poco a poco van produciéndose fallos orgánicos y psíquicos consecuencia de la mala o escasa nutrición. Se debilita el corazón y disminuyen la frecuencia cardiaca y la tensión arterial, aparecen la anemia por falta de hierro y proteínas y los trastornos gastrointestinales, como por ejemplo indigestiones después de la escasa comida que se consume, y disminución del peristaltismo intestinal, lo que produce sensación de hinchazón y flatulencia acompañados de dolores abdominales y de estreñimiento, hay anomalías hormonales que en las mujeres se manifiestan en amenorreas, es decir, desaparece la menstruación, se dan también problemas de sueño, caída del cabello a la vez que aparición de vello muy fino por todo el cuerpo, la piel está muy fría y se torna amarillenta y hay una sensación lógica de cansancio y debilidad.
Psíquicamente aparecen síntomas como ansiedad, trastornos afectivos, depresión e irritabilidad y la persona se vuelve introvertida con tendencia a aislarse socialmente, lo que unido a un fuerte sentimiento de tristeza puede provocarle ideas de muerte e incluso de suicidio.
En la anorexia nerviosa podemos distinguir dos subtipos: el tipo restrictivo y el compulsivo purgativo. Con el objetivo común de reducir la ingesta de calorías la táctica para conseguirlo es distinta en cada caso. Mientras que el primero pierde peso debido a la limitación y restricción severa de alimentos, principalmente de hidratos de carbono y grasas, así como con la práctica desmesurada y obsesiva de ejercicio físico, el tipo compulsivo suele comer en exceso llegando a darse auténticos atracones de comida tras los cuales se siente culpable por lo que suele recurrir a purgas y laxantes e incluso a la inducción del vómito, actitud que se identifica con la bulimia.

Rosa Maria Canas ©2017

 
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ANOREXIA NERVIOSA I

 

 

TRASTORNOS ALIMENTARIOS (I)

 

 

“Desde tiempos remotos el catolicismo ha observado el ayuno extremo como signo de religiosidad, castidad y pureza: los penitentes eran admirados y considerados bendecidos por Dios al ser capaces de sobrevivir sin necesidad de comer”.

Cuentan los cuentos que las princesas eran perfectas, jóvenes, bonitas, buenas y sobretodo esbeltas y delgaditas. Con tanta belleza las princesas no podían sino tener una vida feliz al lado de sus príncipes tan perfectos como ellas en un mundo de color sin dolor ni preocupaciones. La realidad actual es distinta y ni la belleza implica felicidad ni la perfección conlleva ausencia de dolor y preocupaciones, aunque en las mentes de algunas de nuestras “princesas” de hoy el mundo siga funcionado como en los cuentos de la infancia.
Influenciadas mayoritariamente en una edad susceptible y fácil de manipular muchos jóvenes, sobretodo niñas, se dejan impresionar por unos modelos de vida tan ficticios como Peter Pan, aquel muchacho que no quería crecer y que vivía en su propio mundo ideal. Los modelos socioculturales entre los que nos movemos nos presentan cuerpos 10 conseguidos a base de un culto exagerado al físico que en ocasiones tienen unas medidas que no son compatibles con una vida sana y una correcta alimentación.
La palabra anorexia deriva de “an” y del término griego “órexis” que significa “falta de apetito”. Aunque se trata de un concepto relativamente reciente ya se encuentran referencias a la abstinencia alimentaria tan antiguas como las bíblicas. Desde tiempos remotos los penitentes observaban el ayuno extremo como signo de religiosidad, castidad y pureza e incluso eran admirados al ser considerados bendecidos por Dios al ser capaces de sobrevivir sin necesidad de comer. Probablemente uno de los primeros casos históricos de anorexia se remonta al siglo VIII cuando Santa Librada dejó de alimentarse para escapar del enlace matrimonial al que iba a someterla su padre con un rey moro. Según la leyenda esta virgen-mártir rezó a Dios para que la convirtiera en un ser repulsivo a la vez que renunció a comer, práctica frecuente entre las niñas de la época para evitar casamientos basados en arreglos económicos por los progenitores. Resultado de ello fue una importante pérdida de peso y que su cuerpo y su cara se cubrieran de vello (de ahí que se la llame la virgen barbuda), no por la intervención divina sino por los desarreglos hormonales causados por la inanición. Su propio padre ordenó que la crucificaran por desobedecer sus órdenes de matrimonio.
Entre las santas católicas este no es el único caso que desde nuestra perspectiva actual podríamos identificar con la anorexia. Entre los ejemplos religiosos más destacados encontramos a Santa Catalina de Siena (s. XIV), una de las 3 doctoras de la Iglesia, que murió a los 33 años con apenas 25 kilos de peso después de haberse alimentado durante años únicamente a base de la Eucaristía (hostias religiosas) y agua; a Santa Teresa de Ávila (s. XVI), una de las figuras más importantes del misticismo español que se auto inducía el vómito con una rama de olivo y a Sor Juana Inés de la Cruz (S. XVII), poetisa mística y máxima figura de las letras mejicanas.
Ya a finales del siglo XVII el médico británico Sir Richard Morton describió bajo la etiqueta de “artrofia o consunción nerviosa” un cuadro médico perfectamente identificable con el concepto de anorexia nerviosa al decir de una joven paciente que “nunca había visto a ningún ser vivo tan degradado, parecía un esqueleto vivo, solamente piel y huesos, no tenía fiebre sino un considerable frío en el cuerpo. Sólo mostraba falta de apetito, mala digestión y frecuentes desmayos”.
Fue dos siglos después, en el s. XIX, cuando dos doctores reconocieron simultáneamente el cuadro de anorexia nerviosa; William Gull, en el Reino Unido, y Ernest-Charles Lasègue, en Francia. Mientras que Lasègue publicó en París que la anorexia puede atribuirse a un determinado estado mental consecuencia de ciertas emociones, Gull inicialmente denominó este estado “apepsia histérica” al creer que podría relacionarse con ciertos problemas gástricos si bien posteriormente lo definió ya como “anorexia nerviosa”. Desde entonces numerosos estudios médicos han barajado distintas hipótesis sobre lo que es en realidad la anorexia nerviosa y cuales podrían ser sus causas. Será finalmente en el siglo XX cuando los análisis se centraron en describir esta enfermedad como un síndrome psiquiátrico que puede llevar asociada una posible disfunción del hipotálamo, que se caracteriza por el rechazo a la ingestión de alimentos y se asocia a la distorsión de la imagen corporal y a la fobia a aumentar de peso.

Rosa Maria Canas ©2017

 
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