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ANOREXIA NERVIOSA I

 

 

TRASTORNOS ALIMENTARIOS (I)

 

 

“Desde tiempos remotos el catolicismo ha observado el ayuno extremo como signo de religiosidad, castidad y pureza: los penitentes eran admirados y considerados bendecidos por Dios al ser capaces de sobrevivir sin necesidad de comer”.

Cuentan los cuentos que las princesas eran perfectas, jóvenes, bonitas, buenas y sobretodo esbeltas y delgaditas. Con tanta belleza las princesas no podían sino tener una vida feliz al lado de sus príncipes tan perfectos como ellas en un mundo de color sin dolor ni preocupaciones. La realidad actual es distinta y ni la belleza implica felicidad ni la perfección conlleva ausencia de dolor y preocupaciones, aunque en las mentes de algunas de nuestras “princesas” de hoy el mundo siga funcionado como en los cuentos de la infancia.
Influenciadas mayoritariamente en una edad susceptible y fácil de manipular muchos jóvenes, sobretodo niñas, se dejan impresionar por unos modelos de vida tan ficticios como Peter Pan, aquel muchacho que no quería crecer y que vivía en su propio mundo ideal. Los modelos socioculturales entre los que nos movemos nos presentan cuerpos 10 conseguidos a base de un culto exagerado al físico que en ocasiones tienen unas medidas que no son compatibles con una vida sana y una correcta alimentación.
La palabra anorexia deriva de “an” y del término griego “órexis” que significa “falta de apetito”. Aunque se trata de un concepto relativamente reciente ya se encuentran referencias a la abstinencia alimentaria tan antiguas como las bíblicas. Desde tiempos remotos los penitentes observaban el ayuno extremo como signo de religiosidad, castidad y pureza e incluso eran admirados al ser considerados bendecidos por Dios al ser capaces de sobrevivir sin necesidad de comer. Probablemente uno de los primeros casos históricos de anorexia se remonta al siglo VIII cuando Santa Librada dejó de alimentarse para escapar del enlace matrimonial al que iba a someterla su padre con un rey moro. Según la leyenda esta virgen-mártir rezó a Dios para que la convirtiera en un ser repulsivo a la vez que renunció a comer, práctica frecuente entre las niñas de la época para evitar casamientos basados en arreglos económicos por los progenitores. Resultado de ello fue una importante pérdida de peso y que su cuerpo y su cara se cubrieran de vello (de ahí que se la llame la virgen barbuda), no por la intervención divina sino por los desarreglos hormonales causados por la inanición. Su propio padre ordenó que la crucificaran por desobedecer sus órdenes de matrimonio.
Entre las santas católicas este no es el único caso que desde nuestra perspectiva actual podríamos identificar con la anorexia. Entre los ejemplos religiosos más destacados encontramos a Santa Catalina de Siena (s. XIV), una de las 3 doctoras de la Iglesia, que murió a los 33 años con apenas 25 kilos de peso después de haberse alimentado durante años únicamente a base de la Eucaristía (hostias religiosas) y agua; a Santa Teresa de Ávila (s. XVI), una de las figuras más importantes del misticismo español que se auto inducía el vómito con una rama de olivo y a Sor Juana Inés de la Cruz (S. XVII), poetisa mística y máxima figura de las letras mejicanas.
Ya a finales del siglo XVII el médico británico Sir Richard Morton describió bajo la etiqueta de “artrofia o consunción nerviosa” un cuadro médico perfectamente identificable con el concepto de anorexia nerviosa al decir de una joven paciente que “nunca había visto a ningún ser vivo tan degradado, parecía un esqueleto vivo, solamente piel y huesos, no tenía fiebre sino un considerable frío en el cuerpo. Sólo mostraba falta de apetito, mala digestión y frecuentes desmayos”.
Fue dos siglos después, en el s. XIX, cuando dos doctores reconocieron simultáneamente el cuadro de anorexia nerviosa; William Gull, en el Reino Unido, y Ernest-Charles Lasègue, en Francia. Mientras que Lasègue publicó en París que la anorexia puede atribuirse a un determinado estado mental consecuencia de ciertas emociones, Gull inicialmente denominó este estado “apepsia histérica” al creer que podría relacionarse con ciertos problemas gástricos si bien posteriormente lo definió ya como “anorexia nerviosa”. Desde entonces numerosos estudios médicos han barajado distintas hipótesis sobre lo que es en realidad la anorexia nerviosa y cuales podrían ser sus causas. Será finalmente en el siglo XX cuando los análisis se centraron en describir esta enfermedad como un síndrome psiquiátrico que puede llevar asociada una posible disfunción del hipotálamo, que se caracteriza por el rechazo a la ingestión de alimentos y se asocia a la distorsión de la imagen corporal y a la fobia a aumentar de peso.

Rosa Maria Canas ©2017