estres

 

ESTRÉS

 

LAS PATOLOGIAS CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (IV) 

 

El hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura” (Hans Seyle)

Hoy en día a nadie le sorprende oír hablar de estrés. Es un término procedente del vocablo inglés “stress” -esfuerzo, violencia, tensión- que se ha hecho muy popular en la sociedad actual como reflejo de la vida activa y acelerada que llevamos. Por estrés entendemos el conjunto de reacciones, tanto biológicas como psicológicas, que se desencadenan en el organismo cuando éste se enfrenta de forma brusca con un agente nocivo, cualquiera que sea su naturaleza. Ciertos niveles de estrés son necesarios para mantenernos en un estado de alerta que garantiza nuestra supervivencia y nos sirve de estímulo para afrontar nuevos desafíos pero el problema aparece cuando estos índices se disparan provocando ciertas reacciones patológicas en nuestro cuerpo-mente: fatiga, depresión, insomnio…
El concepto de estrés se lo debemos al doctor austriaco Hans Seyle (1907-1982) quien observó que cualquiera que fuera la enfermedad que padecieran sus pacientes en su gran mayoría presentaban una serie de síntomas comunes, tales como cansancio, astenia y pérdida de apetito, entre otros. En lugar de concentrar sus esfuerzos en identificar las enfermedades individuales y buscar un remedio para cada una de ellas en 1936 Seyle denominó este cuadro como “Síndrome de estar enfermo” puesto que para él estos signos eran el resultado de los esfuerzos del cuerpo para responder a la angustia que generaba la enfermedad. Esta colección de síntomas, más las alteraciones orgánicas que se producen en situaciones de tensión, Hans Seyle las agrupó posteriormente bajo la etiqueta de “Síndrome de estrés” o “Síndrome de adaptación general”, que definió como “mecanismo automático y esteriotipado que se dispara ante cualquier situación estresante, involucrando un conjunto de reacciones inespecíficas que movilizan las reservas energéticas para hacer frente a las demandas externas”. El término de síndrome se refiere al conjunto de síntomas y signos que se presentan a la vez mientras que el de adaptación responde al hecho de que en todos los casos es una respuesta del organismo para poder responder a los estímulos que siente como agresivos, ya sean físicos, emocionales, ambientales, metabólicos, sociales o de cualquier otra naturaleza. Es por ello que según Seyle “el hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura”.
Hans Seyle estableció que en todo proceso de producción de estrés existen tres fases: alarma, resistencia y agotamiento.
La fase de alarma es la reacción inicial al estés en la que se activan en cuestión de segundos y de forma automática el sistema simpático-adrenal, compuesto por el sistema nervioso simpático, y las glándulas suprarrenales. El cerebro al detectar una amenaza da orden de segregar adrenalina y otras hormonas relacionadas con el estrés para que el cuerpo sea capaz de dar una respuesta inmediata de lucha o de huida. Entre otras reacciones este mecanismo de alarma hace acelerar el ritmo cardíaco y respiratorio y aumentar los niveles de glucosa en sangre.
Frecuentemente si la tensión persiste por más de unas horas se entrará en la fase de resistencia, en la que a pesar de los esfuerzos por resolver la situación que vivimos como una amenaza seguimos sin encontrar una salida. Esto provocará que nuestro organismo siga sometido a un proceso de estrés mantenido y prolongado y aunque intentará adaptarse de manera progresiva, segregando principalmente corticoides, disminuirá su capacidad de respuesta ya que para permitirnos resistir los efectos devastadores del estrés gastará mucha energía. A nivel físico pueden aparecer dolores frecuentes de cabeza, tensión muscular, insomnio, pesadillas, fatiga y aumento de la temperatura corporal, entre otras manifestaciones. Por lo que respecta a los síntomas mentales pueden incluir tics nerviosos, irritabilidad, ansiedad por la comida, dificultad de concentración o sensación de fracaso.
Finalmente a la fase de agotamiento se llega cuando la reacción de resistencia ha superado ya el límite, es decir, cuando a causa de una situación de estrés demasiado prolongada se produce un deterioro importante que conlleva el fallo funcional y orgánico. En esta fase pueden surgir variedad de enfermedades severas, como hipertensión, problemas cardíacos, derrames cerebrales, úlceras y hasta cáncer.
La manera de manejar con éxito el estrés depende de las características propias de cada persona y del momento puntual que atravesamos cuando éste se presenta en nuestras vidas. Si bien existen distintas maneras para afrontar el estrés de modo general podríamos decir que hay cuatro pilares básicos que deberíamos respetar para que nuestro método sea efectivo: mantener una actitud mental positiva ante la vida, relajación mental y ejercicio físico, dieta saludable y, si es necesario, suplementación natural para reforzar nuestro organismo.

Rosa Maria Canas ©2017