insomnio

 

INSOMNIO

 

LAS PATOLOGIAS CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (III) 

 

“La incapacidad para conciliar o mantener el sueño de forma adecuada no es sino una manifestación de que algo en nuestro cuerpo-mente no anda bien”. 

“En Medicina Tradicional China el hecho de no poder dormir cuando correspondería hacerlo puede relacionarse con la afección energética de distintos órganos”.

El término “insomnio”, proveniente del vocablo latino “insomnium”, lo definimos como vigilia, falta de sueño, desvelo anormal o disminución involuntaria de las horas de sueño. En la sociedad en que vivimos, en la que por lo general nos sentimos obligados a llevar a cabo una actividad frenética, las tensiones y el estrés que acumulamos a diario pueden encontrar salida en los momentos destinados al descanso, aquellos en los que teóricamente podemos reponer fuerzas. Sin embargo nuestro cuerpo, y lo que es más importante, nuestra mente, están tan entrenados a cierto ritmo que en ocasiones son incapaces de “desconectar” aunque la inevitable sensación de cansancio nos lo esté pidiendo a gritos.

Las alteraciones del sueño suponen, lamentablemente, un problema de actualidad en nuestros días, y son una de las maneras que tiene el cuerpo de decirnos que algo anda mal. El insomnio no tiene nada que ver con el número de horas que dormimos ya que cada persona es distinta y necesitará dormir más o menos según sus propias características. Hay individuos que con pocas horas de sueño funcionan a la perfección al igual que otros cuyas necesidades de descanso son superiores. De todos modos y de forma general se calcula que por término medio una persona adulta necesita dormir entre 7 y 9 horas diarias para recuperarse y poder realizar su actividad habitual con la energía suficiente. El hecho de no poder dormir noche tras noche hace, en primer lugar, que la persona se sienta cansada e incapaz de afrontar un nuevo día sencillamente porque no se siente con fuerzas; disminuye la capacidad de concentración lo que aumenta los riesgos según el trabajo que se realice, en el cual, sea dicho de paso, no se rendirá como se debiera. Por lo general la falta prolongada de sueño reparador hace que la persona se muestre irritable e insociable condicionando así su modo de vida y sus relaciones.

Muchas y diversas son las causas que pueden provocar insomnio. Desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China el hecho de no poder dormir cuando correspondería hacerlo puede relacionarse con la afección energética de distintos órganos. Cuando somos de aquellas personas que le damos vueltas y más vueltas a las cosas en un exceso de actividad mental siempre en torno al mismo tema estamos sobrecargando al bazo. Si algo “me quita el sueño” es porque me preocupa y por tanto no dejo de pensar en ello. Al bazo este derroche de “rumiación” no le gusta nada así que este órgano, al estar bajo presión provocará que entremos en un círculo vicioso: el insomnio por preocupación excesiva afectará la energía de bazo de modo que éste no podrá realizar sus funciones correctamente, entrará en hipofuncionamiento y hará que aumente aún más nuestra preocupación por el tema.

Por su parte, la energía de hígado puede ser también responsable de la imposibilidad de conciliar el sueño. Cuando por la causa que sea este órgano pierde su capacidad de llevar a cabo el movimiento energético por el cuerpo de forma correcta puede producirse un desequilibrio que dará, entre otros síntomas, insomnio.
Así mismo, el corazón es el órgano que controla los vasos sanguíneos a la vez que las actividades mentales y el Shen, el “alma consciente”. Si el Shen no está bien alimentado por la sangre se verá perturbado y nos encontraremos ante un cuadro patológico que incluirá alteraciones del sueño.

Al igual que distintas causas, existen también distintos tipos de insomnio, según su duración o sus características. En referencia al tiempo de evolución podemos encontrarnos con:

  • Insomnio ocasional o transitorio, considerado como un episodio agudo de una o varias noches de duración y desencadenado como respuesta a una situación de estrés, dolor pasajero o consumo de alguna sustancia.
  • Insomnio de corta duración, que oscila entre una y tres semanas.
  • Insomnio crónico, de más de tres semanas de evolución.

Por lo que se refiere a sus características, el hecho de no poder dormir puede clasificarse en:

  • Insomnio predormicional o de primera hora, que es aquel en el que la persona tiene dificultades para conciliar el sueño pero que una vez dormida no se despierta en toda la noche.
  • Insomnio dormicional o de segunda hora, en el cual hay dificultad de reconciliar el sueño al despertarse por la noche.
  • Insomnio posdormicional o despertar precoz, en el que el sueño cesa a primeras horas de la mañana para no reaparecer.

Según sea el insomnio el principio terapéutico deberá ser distinto, sin olvidar que el punto de mira del tratamiento ha de ser la causa de la alteración: la incapacidad para conciliar o mantener el sueño de forma adecuada no es sino una manifestación de que algo en nuestro cuerpo-mente no anda bien. 

Rosa Maria Canas ©2016