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ALZHEIMER (I)

 

CUANDO SE PIERDEN LAS IDEAS

 

“Las causas que originan la enfermedad de Alzheimer son desconocidas aunque hay estudios científicos que indican que se trata de una enfermedad de origen multifactorial con un componente genético”. 

“El riesgo de sufrir la enfermedad aumenta con los años aunque la vejez en sí misma no es una causa determinante para ser víctima de esta dolencia”.

La enfermedad conocida como Alzheimer es en la actualidad la causa de demencia más frecuente en la población anciana si bien empieza a dar signos de aparición en sectores de menor edad de forma preocupante. Se trata de una horrible enfermedad irreversible y degenerativa del cerebro que va destruyendo poco a poco las neuronas impidiendo así el paso de información entre las células y en consecuencia el contacto con el mundo. Se da una disminución de las funciones intelectuales de la persona, con una pérdida de memoria y con deterioro del pensamiento.

Esta patología neurológica debe su descubrimiento y, por tanto, su denominación al patólogo y psiquiatra alemán Alois Alzheimer (Marktbreit, 1864-1915). Alzheimer estudió medicina en las universidades de Berlín, Tübingen y Würzberg y destacó por sus investigaciones sobre una amplia gama de temas que incluían las demencias de origen arteriosclerótico y degenerativo si bien finalmente se decantó hacia las demencias y los daños asociados al Sistema Nervioso Central. Alois Alzheimer ya apuntó la primera descripción de la demencia que posteriormente llevaría su nombre en 1906, basándose en el caso de una paciente que había tratado algunos años antes. La mujer, de 51 años presentaba un trastorno caracterizado por la disminución progresiva de la capacidad cognitiva, síntomas de lesiones localizadas, alucinaciones, celotípia y pérdida de la capacidad de integración social. Una vez fallecida sus familiares donaron su cerebro para la investigación lo que permitió apreciar las lesiones cerebrales que se conocen hoy como características de la enfermedad de Alzheimer: placas seniles y ovillos neurofibrilares.

Las causas que originan la enfermedad de Alzheimer son desconocidas aunque hay estudios científicos que indican que cada vez hay más evidencias de que se trata de una enfermedad de origen multifactorial en la que aparece también un componente genético. La mutación de estos genes se produce en los cromosomas 1, 14 y 21 -en cuyo caso la enfermedad tendrá un inicio precoz, antes de los 65 años-, y en el cromosoma 19. Esta última modalidad es la más frecuente, se presenta después de los 65 años y se ha constatado que las personas con antecedentes familiares de la enfermedad tienen un mayor riesgo de desarrollarla si bien se desconoce aún hasta qué punto influye o puede ser determinante esta condición.

Si el gen se encuentra en el cromosoma 1, poco frecuente, se asocia a la enfermedad de Alzheimer de aparición a partir de 55 años. Existe una teoría que asegura que este tipo de alteración genética se encuentra únicamente en descendientes de familias alemanas que vivieron cerca del río Volga.

Cuando el gen mutante se localiza en el cromosoma 14, descubierto en 1995, la enfermedad surgirá entre los 30 y los 60 años, y si la alteración se produce en el cromosoma 21, también responsable del síndrome de Down, la enfermedad de Alzheimer puede desarrollarse entre los 40 y los 65 años.

Aunque hay sospechas de las posibles causas que enferman al cerebro, éste y sus patologías siguen siendo por lo general y hoy por hoy grandes desconocidos por lo que al hablar de etiología no podemos sino referirnos a factores de riesgo. En el caso de la enfermedad de Alzheimer entre los factores más destacados, a parte del componente genético mencionado, figuran la edad y el sexo. El riesgo de sufrir la enfermedad aumenta con los años, a mayor edad mayor riesgo, aunque hay que puntualizar que la vejez en sí misma no es una causa determinante para ser víctima de esta dolencia. Por otro lado, la mayoría de los estudios indican que las mujeres tienen más predisposición que los hombres, condición que se puede relacionar con el hecho de que estadísticamente viven más tiempo.

Por otro lado existe también la hipótesis de que una persona que ha sufrido un traumatismo craneal puede tener más probabilidades de desarrollar la enfermedad, porcentaje que aumenta en caso de ser mayor de 50 años o de haber perdido el conocimiento después del accidente.

Otros factores a tener en cuenta, principalmente de cara a la prevención de la enfermedad, son la hipertensión arterial y los niveles de colesterol. Si bien esta relación no está totalmente establecida, según un estudio publicado en 2001 por el British Medical Journal la combinación de estos dos factores en personas de mediana edad puede aumentar notablemente las posibilidades de padecer esta dolencia en fases posteriores de la vida. No exenta de polémica y controversia se ha apuntado también la teoría documentada de que las amalgamas de mercurio pueden resultar muy perjudiciales para la salud y en particular para enfermedades neurológicas.

Rosa Maria Canas ©2016