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LAS PATOLOGIAS

CARACTERISTICAS

DEL INDIVIDUO MODERNO (I)

 

“Depresión, ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, contracturas musculares y lumbalgias se están convirtiendo, hoy por hoy, en las patologías propias de nuestros días, en las afecciones características del siglo XXI”.

“La situación estresante puede no variar pero sí el modo en que la afronte nuestra mente y nuestro sistema de  defensa”.  

Muchos son los avances que nos facilitan la vida en la actual sociedad en la que vivimos. Nuestros antepasados, nuestros abuelos e incluso nuestros padres sin ir tan lejos, no gozaron de las comodidades y las tecnologías que hoy en día hacen que en apariencia todo nos resulte más fácil y mucho más accesible. Ya no hace falta desplazarse a la agencia de viajes para reservar ese crucero con el que siempre habíamos soñado ni perder la tarde libre que tenemos el fin de semana para ir al supermercado a fin de proveer ese maravilloso congelador que nos permite subsistir un mes sin necesidad de cocinar a diario. Tan siquiera hace falta estar en casa esperando esa llamada que no acaba de llegar ni aguardar una semana para recibir noticias de aquel amigo querido al otro lado del planeta: el móvil e internet nos lo ponen fácil; solo con conectarnos a la red podemos entablar una conversación con él al instante e incluso verle al otro lado de esa pequeña cámara que tenemos pegadita al ordenador.

El pobre fax lleva camino de convertirse en algo arcaico, aquel que irá a hacer compañía en el baúl de los recuerdos al video VHD, a la cinta de cassette musical, al teléfono analógico, a la carta escrita de puño y letra y a la máquina de escribir, entre otros pobres inventos que en su día revolucionaron la sociedad del momento tal y como lo hacen hoy el DVD, el mp3, la telefonía digital, el e-mail y el PC.

Ya no escuchamos discos sino CD, no nos referimos a los sellos sino a los megas, no nos citamos, nos conectamos; no conversamos, chateamos; hemos cambiado la capacidad por los bits, nuestro pequeño archivo por el software y aquella entrañable cafetería de barrio por el cibercafé.

El ratón ha dejado de ser ese pequeño mamífero roedor que tanto adoraban los gatos de antaño, los cookies ya no se refieren a las galletas en inglés, las referencias no las encontramos en los libros sino en las páginas web, la documentación ya no la buscamos, la subimos o la bajamos según sea el caso, la factura del teléfono no nos preocupa porque tenemos tarifa plana o, aún mejor, ADSL y el portal es algo más que el alojamiento y lugar de trabajo de la caricaturizada figura casi legendaria de la portera.

Hoy en día todo parece más fácil y las nuevas tecnologías de no se sabe ya que generación se encargan de ello: podemos pagar facturas sin salir de casa, hacer la compra sin movernos del sillón, tener la cena en la mesa con una simple llamada y enviar mensajes en pijama y zapatillas. Cabe entonces preguntarse, si todo es tan cómodo y sencillo y si en un principio lo tenemos todo más al alcance de la mano con menor esfuerzo, ¿porqué disponemos de menos tiempo libre para dedicarnos a aquello que nos gusta?, ¿porqué vivimos un ritmo de vida estresante que ha hecho disminuir la media de edad de ciertas patologías?, ¿porqué si todo es tan fácil estamos tristes y deprimidos sin causa aparente?, ¿porqué acumulamos tensiones que nos impiden movernos? y ¿porqué sufrimos de insomnio aunque teóricamente no haya nada que nos preocupe?.

Nos encontramos frente a un arma de doble filo: afortunadamente el ser humano evoluciona y la sociedad con él pero aquello pensado en un principio para facilitarnos la vida nos plantea nuevos retos que nos llevan a niveles de autoexigencia a veces desmesurados. Este afán, con frecuencia inconsciente, por cumplir con todo y con todos, de llevar a cabo la máxima actividad en el menor tiempo posible para poder así abarcar más y de vivir una vida de superhéroes de cómic evidentemente repercute y se refleja en nuestra salud, no sólo física sino también, y sobretodo, mental.

Depresión, ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, contracturas musculares y lumbalgias son, hoy por hoy, los problemas más frecuentes de consulta clínica. Se trata de trastornos que se están convirtiendo en las patologías propias de nuestros días, en las afecciones características del siglo XXI. El estrés que deja de ser fisiológico y puntual para convertirse en crónico y, por tanto, en enfermizo, genera un sufrimiento mental que convierte cualquier acontecimiento cotidiano en una dura prueba a superar perdiéndose así los referentes y generando una angustia que nada tiene que ver con los episodios de tristeza pasajera. La tensión, por su parte, buscará vías de escape y se alojará en nuestros músculos, que en señal de protesta convertirán, preferentemente la espalda, en un campo contracturado.

Está claro y es indiscutible que ningún tratamiento puede cambiar la situación personal de cada uno pero también es cierto que terapias naturales y energéticas, como la Acupuntura, pueden ayudar a superar estas alteraciones del buen estado de salud y a mejorar el modo de afrontar los momentos de crisis. La situación puede ser la misma pero no el modo en que la afronte nuestra mente y nuestro sistema defensivo.  

Rosa Maria Canas ©2015